Fiel a su palabra, Alejandro la llevó de inmediato a la Estancia Bosque del Verano, lugar donde había instalado a Pedro en un pabellón privado. Allí contaban con un médico especializado, y también estaban Lorenzo y Balma para cuidarlo.
Apenas vio a su hermana, Pedro corrió a recibirla con una gran sonrisa:
—¡Hermana!
—Pedro, cariño… —Luciana se inclinó para darle un suave abrazo.
—¡Cuñado! —agregó Pedro, mirando detrás de ella hacia Alejandro—. ¡Este lugar es enorme!
—¿A que sí? —contestó Alejan