—Entre, por favor.
—Sí. —La mujer asintió, empujando la puerta.
Dentro, un hombre delgado y otro robusto la esperaban. Al verla llegar, se pusieron en pie. El más delgado habló primero:
—¿Trajiste el dinero?
En C. Piedras Negras, la “zona negra” de Muonio, se realizaban transacciones clandestinas. El acuerdo era en efectivo, sin excepciones.
—Sí —respondió ella con frialdad, sosteniendo un bolso de viaje que puso sobre la mesa.
El hombre grueso y el hombre delgado se miraron, abrieron el bolso y