En un principio, Pedro no aflojó, y él tampoco lo presionó. Se limitó a esperar, concediéndole tiempo. Poco a poco, Pedro cedió y soltó su brazo. Al instante, doctor y enfermeras se aproximaron; Luciana corrió la primera, abrazando con fuerza a su hermano.
—Tranquilo, Pedro… Aquí estoy —susurró, la voz cargada de emoción y alivio.
Él, aunque no respondía, ya no resistía el contacto.
—Señora Guzmán, necesitamos administrar un sedante y hacerle una valoración psicológica —intervino el personal méd