Alejandro guardó silencio un momento, pensativo, y luego respondió:
—Iré personalmente.
Necesitaba verlo con sus propios ojos, fuera o no la persona que había esperado tantos años. Con la mano, rozó el anillo que llevaba en el dedo anular izquierdo. «Si lo es», pensó, «podré cerrar este capítulo pendiente. Y si no lo es, me rendiré… y dejaré de buscarla para siempre.»
***
Siguiendo la ubicación que recibió Sergio, ambos se dirigieron a una zona turística en las afueras de Muonio. La cita era en