Al llegar frente a la fábrica, Martina ya las esperaba en la entrada.
—¡Por aquí! —gritó ella con entusiasmo.
En cuanto Luciana bajó del auto, sacó un pliego de papel de su bolso.
—Mira, revisa estos diagramas y dime si es factible.
—Veamos —respondió Martina mientras estiraba la hoja—. No parece complicado; tenemos los materiales que se necesitan.
—Estupendo —repuso Luciana.
Mientras caminaban e intercambiaban opiniones, Simón les seguía a cierta distancia, echando una ojeada de reojo. La parte