Por su parte, Mónica lo observó con un brillo de nostalgia.
—Alex, tú… aún no puedes olvidarme, ¿cierto?
Él se quedó callado un par de segundos. Con determinación, sujetó la muñeca de Mónica para despegar su mano de la de él. Ella se quedó atónita, como si el mundo se derrumbara de golpe.
—¿Alex? —musitó con voz rota.
—Mónica, estoy casado —respondió él con firmeza. No importaba lo que hubiera sucedido antes; ahora su compromiso era con su matrimonio y con su esposa.
Mónica de pronto se cubrió e