—¿Y ahora? Hay gente lastimada. ¡Deberíamos llevarlos al hospital!
El conductor, tan alarmado como el resto, intentó calmarlos:
—¡Por favor, tranquilidad! La policía de tránsito ya llegó, y la ambulancia viene en camino.
Efectivamente, pronto los agentes aparecieron para ayudar a los pasajeros a descender uno a uno, indicándoles que se dirigieran a la ambulancia estacionada en la esquina.
—¡Luciana! —entre el bullicio, oyó una voz familiar.
Miró y distinguió a Fernando que, sorprendido, se abría