Alejandro, al otro lado de la línea, sintió cómo una ola de rabia e impotencia lo abrumaba. ¿Luciana involucrada en un accidente y ella lo invitaba a ignorarlo? ¿Creía que no se preocuparía por su esposa y su bebé?
—Entonces, ¿para qué me llamas? —soltó él, molesto.
Ella quedó desconcertada por esa pregunta:
—Bueno… si regresabas a casa y no me encontrabas, supuse que te preguntarías dónde estaba.
Alejandro soltó una risa seca y silenciosa. Si su esposa desaparecía sin avisar, por supuesto que é