—¿Eh? —Se giró y descubrió a Salvador. Por un segundo, sus ojos se iluminaron, mas enseguida parpadearon con desconfianza. Ni siquiera era alguien que conociera a fondo; a lo sumo, lo había “ubicado” desde la boda.
Salvador, al ver su reacción, se preguntó qué pasaría por su mente. Sin mediar palabra, notó la situación: cocos abiertos, necesidad de pago y cero celular para escanear.
—¿Se te olvidó el teléfono, verdad? —dijo él, con un atisbo de diversión en su voz.
—… —Martina lo miró, pensativa