—Salvador, quédate al pendiente de Pedro.
—Descuida —aceptó Salvador, con un pulgar arriba. Sabía que Pedro era el adoradísimo hermanito de Luciana; no podía descuidarlo.
Alejandro pensó que, con tanto barullo, lo mejor era llevar a Luciana a su habitación para que durmiera bien, sin molestas voces ni calor excesivo. Volteó a buscar la mirada de Martina:
—Martina, ¿me ayudas?
—¡Claro! —dijo ella enseguida.
Rápidamente, cubrió el rostro de Luciana con la prenda protectora que traía consigo.
—List