Mientras tanto, Luciana y Alejandro fueron los últimos en llegar, lo cual dio pie a las típicas bromas.
—¿No se habrán desvelado mucho anoche, cierto, Alex? —bromeó uno.
—¡Pobre de ti, Luciana, menudo trajín!
—¿Ustedes no piensan casarse nunca o quieren quedarse de solterones? —replicó Alejandro, fingiendo enojo.
Sergio, Salvador y los demás, que ya rebasaban la edad para juegos infantiles, se comportaban, sin embargo, como si fuesen un grupo de adolescentes, dándose picones y burlas constantes.