Isla Minia, siendo un destino turístico, estaba repleta de hoteles y hostales pequeños.
Sacó las llaves del auto y se las dio a uno de los guardias:
—Te encargo que me traigas el coche.
—Sí, señor Guzmán —respondió el guardia, con toda formalidad, y fue en dirección al estacionamiento.
Sin embargo, al dar apenas unos pasos, el guardia se detuvo en seco, nervioso:
—Señora Guzmán…
Luciana apareció sosteniendo un paraguas, esbozando una ligera sonrisa. El guardia, en su mente, solo pensaba: «¡Vaya