Al final, Luciana cedió, y confirmaron que Pedro sí iría a la boda. Cuando llegó la hora de probarle el traje, Alejandro se ofreció a acompañarla.
Ella no pudo contener su extrañeza:
—¿Tú… vendrás también?
—¿Por qué te sorprendes? —respondió él con una ligera sonrisa—. A fin de cuentas, aún no conozco oficialmente a mi cuñado. Sería bueno saludarlo antes de la boda, ¿no crees?
La lógica de Alejandro resultaba difícil de rebatir, así que Luciana aceptó. Llegaron justo a la hora en que Pedro salía