Acto seguido, guardó silencio. Alejandro esperó unos segundos, hasta que alcanzó a oír el suave rumor de su respiración.
«¿Está molesta…?», pensó. ¿O de verdad se había quedado dormida con esa rapidez?
Él había pasado la noche en vela, con el ánimo un tanto sombrío. Al acercarse a la cama, Alejandro intentó disimular su impaciencia:
—Venga, levántate y come algo antes de seguir durmiendo.
—¿Hmm? —Luciana abrió los ojos, sorprendida—. ¿Todavía estás aquí? Te dije hace un momento que no quiero com