Luciana tomó una mandarina y empezó a pelarla con calma.
—Bueno, ¿de qué querías hablarme?
—Luciana… —Mónica presionó los labios, sintiendo cómo se tensaban sus manos sobre la bolsa que descansaba sobre su regazo—. Quiero hablarte de Alex.
—Ajá. —Luciana asintió—. Eso me dijiste en tu mensaje. ¿Qué, en concreto, quieres tratar?
Con la respiración agitada, Mónica se armó de valor:
—Quiero pedirte que dejes la familia Guzmán.
El movimiento de Luciana, pelando la mandarina, se pausó un instante. Un