Luciana dejó escapar una risilla seca. ¡Vaya! ¿Desde cuándo Mónica, la altiva y presumida, se mostraba tan humilde con ella? Debía amar mucho a Alejandro para llegar a esto.
Con un brillo pícaro en sus ojos almendrados, Luciana apenas dejó asomar una sonrisa burlona. Con voz tranquila, respondió:
—Ahora voy al Sanatorio Cerro Verde.
Dicho esto, colgó de inmediato.
Si Mónica estaba tan ansiosa por verla, seguro que iría hasta allá. Luciana entrecerró los ojos, imaginando el encuentro que se aveci