Miguel sonrió y miró a Felipe:
—Vaya, sigues siendo tan rudo como siempre, pese a los años.
Felipe no fingió humildad:
—Hace mucho que no hacía esto, créame que ya he suavizado mi técnica.
—Felipe, ya los trajeron.
Los encapuchados colocaron a los tres frente a Miguel.
Felipe levantó la mano:
—Quiten las vendas.
—Sí.
Los hombres de negro se adelantaron y retiraron las vendas de los ojos de los Herrera.
La familia estaba cenando tranquilamente en casa cuando, de pronto, irrumpe un grupo de descon