El ambiente en el auto se volvía cada vez más pesado, casi asfixiante.
Cuando llegaron a la ciudad, Juan preguntó:
—¿Dejo a Luciana primero?
Era obvio, Alejandro estaba a punto de responder que sí, pero fue Luciana quien, recién despierta, negó con la cabeza.
—No es necesario. Primero vayan a su hotel, no hace falta desviarse. Además, tengo que ir al hospital.
Ricardo seguía internado, y debía informarle sobre el Instituto Wells.
Alejandro frunció el ceño, claramente en desacuerdo.
—Luciana…
—Tú