«¿Qué demonios está pasando con Luciana?» pensó Sergio, nervioso.
¿Acaso estaba jugando con Alejandro?
El reloj avanzaba lento pero implacable. El sol, que al principio iluminaba el salón, comenzó a descender en el horizonte, alargando las sombras.
***
Para cuando la cirugía terminó, ya eran más de las cinco de la tarde.
—¡Demonios!
Luciana salió apresuradamente del quirófano, con el corazón latiéndole rápido. Se dio una ducha rápida y corrió hacia la oficina para buscar su celular.
Al encender