La calle de la UCM, llena de puestos de comida, se volvía especialmente bulliciosa por la noche.
—¡Jefe, dos porciones de patata frita con pollo, por favor! —Martina, con un brazo entrelazado con el de Luciana y el otro frotándose el estómago, se quejaba—. Todo es culpa de Mateo, me retrasó en mi misión de comer.
Luciana también estaba hambrienta, tragando saliva al pensar en la comida.
—Marti, quiero unas galletas de nuez.
—¡Claro! Voy por ellas enseguida. —Martina respondió automáticamente, pe