El hospital, siempre iluminado las 24 horas, pero parecía sumido en la oscuridad para Alejandro. Luciana… ¡lo había bloqueado! De repente, recordó sus palabras: que no serían amigos, que no se verían más, y que si alguna vez se encontraban, serían completos extraños. Sintió un vacío en el pecho, como si le hubieran arrancado una parte de sí mismo. Ella lo había dicho… y lo había cumplido.
Alejandro levantó la cabeza de golpe y miró a Sergio.
—¡Sergio!
—¿Qué pasa, Alex?
—Llama a Luciana. Dile que