—¿Señor López? —preguntó Rosa, con urgencia—. Por favor, dígale al señor Guzmán que Luciana se siente muy mal y necesita ir al hospital, pero yo sola no puedo cargarla.
—De acuerdo, vamos para allá —respondió Sergio, con un tono tenso—. Gracias por avisar.
—No hay de qué.
Al colgar, Rosa abrió un caramelo y se lo puso a Luciana en la boca.
—Chúpalo un poco. El señor Guzmán está en camino.
Luciana apenas tenía fuerzas para asentir; sus ojos se entrecerraron, tratando de resistir el malestar. Rosa