La habitación era tan estrecha que apenas dejaba lugar para moverse. Dos camas alineadas contra las paredes, una mesa en el centro, sin un centímetro más de espacio disponible. Un espacio mínimo, casi claustrofóbico.
El aire estaba denso, pesado, y el calor abrasante solo lo hacía más insoportable. No había aire acondicionado, y el ventilador del techo, con su quejido constante, solo movía el aire caliente, como si nada pudiera aliviar la pesadez del ambiente. En la mesa, descansaban un hervidor