Rosa se quedó helada, sorprendida por la solicitud.
—Ah, no, no hace falta, señor Guzmán. Luciana es mi amiga, y… cuidarla es lo menos que puedo hacer.
—No me hagas perder el tiempo. —Alejandro interrumpió, con una leve irritación—. Aunque no lo digas, puedo averiguarlo. No es necesario que hagas todo un show. Agradezco mucho lo que haces por Luciana, y te lo voy a reconocer.
Rosa no tuvo más remedio que aceptar.
—Está bien, señor Guzmán.
—Gracias, Rosa.
—¡Cuídese, señor Guzmán! ¡Le deseo lo mej