Sergio no dudó ni un segundo.
—Voy a mandar a alguien a buscarla ahora mismo.
—Espera, yo voy contigo —respondió Alejandro, sin pensarlo.
Su salida se demoró un par de horas. Mientras tanto, la última sesión de su suero había terminado, pero no había noticias. Alejandro ya no podía estar más tranquilo, así que decidió vestirse y, acompañado por Juan, se dirigió hacia la calle trasera.
Durante el camino, Juan se mantuvo en contacto con Sergio, asegurándose de que no repitieran la búsqueda en los