—No tienes que disculparte. No fue tu intención hacerme daño —le respondió Mónica, frunciendo el ceño suavemente.
Dudó un momento antes de preguntar:
—Lo de hoy… ¿fue por mí?
La mirada de Alejandro se endureció, sus labios se volvieron una línea delgada y apretada.
—Esto no tiene nada que ver contigo. Es mi responsabilidad, Mónica.
Alejandro nunca había sido alguien que esquivara sus responsabilidades. Sabía que fue él quien, al dejarse llevar, había provocado el embarazo de Mónica, y también él