Martina estaba con el ceño fruncido; Salvador también se veía incómodo.
—Entonces… ¿cancelamos la cena? —intentó sonreír.
—¿Por qué? —Martina infló las mejillas, molesta—. ¿Porque ellos no vinieron ya no comemos? ¿O nos quedamos mudos de golpe? ¿Tú sabes lo que cuesta conseguir esta mesa? Y los ingredientes llegaron por avión: hay que esperarlos.
Dicho eso, jaló la silla y se sentó. Luego le lanzó otra mirada a Salvador; con el enojo encima, no fue nada suave.
—¡Siéntate! Vamos a comer. Si ellos