—Si tú no te ibas a descansar, Martina tampoco; y ella no podía desvelarse —dijo Carlos, mirando a su hija.
A Laura se le enterneció el gesto por la niña y solo asintió.
—Está bien, a dormir.
“Ese mocoso podía escaparse un rato, pero no iba a dejar de volver a casa”, pensó.
La familia recogió y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, Martina fue la primera en despertar. Al bajar las escaleras, oyó ruido en la entrada. Se acercó y vio a Marc, que no había vuelto en toda la noche.
—¿Hermano? —abri