—Sí, ¿quién habla?
Vio que era un número desconocido, pero sabían su nombre; se intrigó.
—Llamábamos de la boutique. El vestido que le gustó hace un momento ya nos llegó en su talla. ¿Cuándo podría pasar a verlo? ¿Se lo apartamos?
—¿De veras? —Martina se alegró; fue una grata sorpresa—. ¡Muchísimas gracias! Ahora no puedo, pero paso más tarde, ¿está bien?
—Por supuesto. Cuando guste, aquí la esperamos.
—Perfecto. Gracias.
Colgó feliz.
—¿Buenas noticias? —preguntó Luciana, divertida.
—Sí. —Martina asintió—. Ese vestido… que ya estaba agotado. Me avisaron que ya lo consiguieron. ¡Qué suerte la mía!
—A partir de ahora, pura buena racha —celebró Luciana.
—Yo también lo siento.
Al terminar en el salón, regresaron por el vestido. Martina estaba encantada.
—Luci, tómame una foto.
—Va. —Luciana tomó su celular y se la hizo.
—¡Se ve hermoso!
Martina la miró un momento, satisfecha, y subió su estado de WhatsApp:
“Conseguí el vestido que quería. Me siento divina.”
La foto era la que le había toma