—¡Al director Mayo no se le “recarga” con jugo! —gritó alguien, bromeando.
—¡Échenle lo que sea! —Vicente alzó la barbilla—. Venga.
—¿Qué esperan, muchachos?
—¡Director!
El privado estaba animadísimo. Martina, empanzonada de jugo, aprovechó un hueco para ir al baño. Mientras se lavaba las manos, alzó la mirada… y en el espejo apareció un rostro conocido.
Se quedó rígida.
¿Era… Salvador Morán?
Él también la había visto. Salvador sabía que esa noche Martina había organizado la reunión —se lo había