—¿De verdad?
Al oírla, a Salvador se le disparó el corazón y la respiración se le volvió corta. Dio tres pasos hasta quedar frente a Martina; levantó la mano, pero no supo qué hacer.
—¿Y ahora qué hago?
—¡Ve por el médico! —Luciana estaba entre reír y llorar—. ¡Llama al médico tratante!
—Eh… ¡sí!
Salvador asintió, giró y salió casi corriendo. Iba tan rápido y tan nervioso que perdió el norte.
—¡Salva! —Ale lo vio y le gritó—. ¡Por ahí es el comedor!
—¡Ah, sí!
Salvador reaccionó, cambió de direcc