—Ugh…
Salvador sostenía el bote de basura a su lado. Cuando Martina terminó de vomitar, le acercó agua para enjuagarse, le limpió la cara y dejó todo impecable. La enfermera estaba allí, pero de adorno.
—Señor Morán, yo me encargo —dijo ella.
—No —Salvador hizo un gesto—. Deje el cuarto en orden. A mi esposa la cuido yo.
—De acuerdo, señor.
Él le tocó la mejilla, un poco fría.
—¿Cómo vas? Si te sientes muy mal, llamo al doctor. No te aguantes.
—Ya pasó —sonrió débil, pálida—. Vomitar es lo peor;