—¿A qué?
—A ver quién aguanta más la respiración. Si tú ganas, dejo de pelear. Si gano yo, me dejas irme ahora mismo.
Martina lo dijo y no esperó su respuesta. Contó:
—Una, dos, tres… ¡ya!
Hundió el cuerpo y desapareció bajo el agua.
—¡Marti!
A Salvador no le quedó otra que seguirla.
Ella no había propuesto el reto por capricho: de estudiante había sido del equipo de natación, y ni siquiera Fernando Domínguez la superaba. Ganarle a Salvador no debía ser problema.
Cuando calculó que ya estaba, em