Salvador acompañó a Martina hasta la habitación y la ayudó a recostarse.
—¿Necesitas algo? ¿Agua? ¿Tienes tratamiento en la noche?
Soltó tantas preguntas seguidas que ella no supo por cuál empezar. Entendía su estado, pero reconoció el viejo defecto de él: ponerse a “resolver” todo.
—Salvador —lo tomó de la mano—, ya. No necesito nada. El tratamiento terminó en el día. En la noche solo debo descansar.
El sentido era claro: estaba pidiéndole que se fuera.
Salvador no supo si no oyó o prefirió hac