“Está bien, déjala.” Pensó que, lo dijera o no, tendría a su amiga a su lado.
—Luci —Martina se inclinó al oído de Luciana y bajó la voz—. Ya que andamos por aquí… vayamos a la tienda de bebés.
Su excusa:
—De paso le compramos ropa a Alba.
Luciana no la desenmascaró; se prestó al juego.
—Perfecto. Gracias, la tía de Alba.
—¿Gracias de qué? ¡Vamos!
Cambiaron de rumbo y subieron al departamento infantil.
Frente al módulo de recién nacido, Martina miró biberones, ropita, mamelucos; el corazón se le