Decía todo con un tono llano, como si charlara sin más; pero a Salvador aquellas palabras le punzaron. Martina sabía cómo dejarlo incómodo.
—No sigas tratándome bien —dijo Martina, mordiendo un trozo de carne seca picante—. Sí, por fuera me parezco un poco a Estella. Ni modo: hay cosas y personas que se parecen; de millones, me tocó toparme con su cara.
Parecerse no es raro.
—Pero es solo eso: nos parecemos.
Tomó su chocolate caliente.
—Ella y yo no somos la misma mujer. En carácter no coincidim