Martina había adelgazado mucho en las últimas semanas; Vicente también lo había notado. Pero como ella estaba casada, había preferido no mostrarse demasiado insistente.
Ese día, por fin, se animó a preguntar:
—Marti, hace poco dijiste que andabas con la digestión mal. Te vi tomar medicinas y no mejoraste. ¿Quieres que cambiemos de doctor y de tratamiento?
—Sí, pero… —Martina sonrió, con los ojos entrecerrados—. Déjalo así. Luci ya volvió. Ella va a estar conmigo.
—Bien. —Vicente asintió—. Entonc