Martina le apretó los labios en una sonrisa cortita, sin contestar.
—¿Dónde te metiste? —fue Ivana quien lo taladró con la mirada, fría como hielo.
—Estella estaba sola —se apresuró Salvador—. Le pedí un carro, la ayudé a subir y regresé de inmediato.
Se lo dijo a Martina; era un intento de explicación.
—Ajá —Ivana soltó una risita cortante—. ¿Nada más “subirla al carro”? ¿Y por qué no la llevaste hasta su casa? Tan débil como estaba, lo correcto sería quedarte a su lado… ¡sin moverte ni un paso