—¿Y tú qué haces ahí parado? —Ivana le soltó dos manotazos a su hijo—. ¡Pídele perdón a Martina! ¿Qué te dije? ¡No la vas a defraudar!
Salvador se quedó inmóvil, aguantando el regaño y los golpes sin defenderse. Miró a Martina.
—Marti, lo nuestro… volvamos a casa y lo hablamos, ¿sí?
—¿Hablar para resolver qué? —Martina negó con una sonrisa cansada—. Ya te lo dije: como no aceptaste, vine con tu mamá. Confío en que la señora Ivana entiende y no me va a obligar a quedarme.
—Soy adulto —Salvador ap