Martina no dejó que la tocara; antes de que Salvador alargara la mano, ya había dado un paso atrás, fuera de su alcance. Lo miró a él, miró a Estella y sonrió apenas.
—Así que éste era tu “asunto” de esta noche.
La voz, fina como papel.
—Marti…
Salvador abrió la boca para explicarse y se quedó sin palabras. Martina tampoco le dio tiempo: se giró para irse.
—¡Marti! —Salvador la alcanzó y la sujetó del antebrazo—. Escúchame. No quise ocultártelo. Fue porque…
—Shhh. —Ella le clavó la mirada y bajó