—Yo… yo tampoco sé qué decir —Salvador murmuró al fin.
—Bua… —Estella se cubrió la cara con ambas manos y rompió a llorar otra vez, sin poder parar.
Salvador dudó, se removió en el borde de la camilla y, al final, habló:
—No te castigues más… Ahora lo importante es pensar qué vas a hacer.
—Yo… —Estella apartó las manos. Tenía los ojos completamente enrojecidos—. No sé.
—Estella —Salvador respiró hondo—, eres la madre. La decisión es tuya. Solo tuya.
Ella lo sabía. Y aun así…
—Pero… pero…
Abrió l