—¿Eh? —Martina reaccionó al instante—. Te escuché…
No eligió ninguno de los dos lugares.
—Quiero volver a casa.
—¿Qué pasó? —Salvador pensó que estaba molesta—. ¿No tienes hambre?
—No es eso —negó con la cabeza—. Estoy más cansada que hambrienta. Seguramente Julia ya dejó algo listo para el desayuno. Prefiero llegar, picar cualquier cosa y dormir.
Se detuvo un segundo—. Déjame en la esquina y yo tomo un taxi. Tú vete a la oficina.
—No —Salvador fue tajante—. Yo te llevo.
—De verdad no hace falta