—Seguro ya preparó varios platos —murmuró Juan.
Alejandro le lanzó una mirada de pocos amigos. Pensó un segundo y se resignó.
—Escúchame bien —le dijo—: en cuanto Luciana entre con algo, te lo comes. Lo que sea. Si no te hace vomitar, te lo tragas.
Juan se quedó pasmado dos segundos.
—¿Cómo? ¿Luciana es… un peligro en la cocina?
Alejandro se aclaró la voz y lo dijo de otra manera:
—En la villa Trébol y en la Casa Guzmán, todo el servicio lo sabe: el dueño puede cocinar; la dueña, jamás. ¿Entendi