Verlos comer “como si no hubiera mañana” le dio a Luciana una puntada de orgullo.
—¿Tan rico está? —mientras le daba otra cucharada a Alejandro, acercó la cuchara a su propia boca y probó—.
Se quedó ida. Miró a Alejandro, luego a Juan.
¿De verdad… podían tragarse eso?
—¡No coman más! —retiró el tazón de Alejandro y volteó con Juan—. Tú tampoco, ya no…
—No pasa nada —Alejandro le tomó la mano—. No está tan mal.
—… —Luciana no se ofendió; le dio risa y pena a la vez—. ¡Si yo lo probé! ¿Mi lengua n