—Luci... —Fernando, con la voz temblorosa, suavizó el tono—. Te soltaré, pero por favor... ¿puedes escucharme un momento?
Luciana lo miró, confundida.
—¿Qué hay que hablar? Todo está claro.
—No, no está claro —respondió Fernando, asintiendo con firmeza—. Hace tres años, te fallé. Lo sé. Pero ahora... ahora es diferente.
—¿Qué ha cambiado? —preguntó Luciana, incrédula.
—Todo. —Fernando bajó la cabeza, arrepentido—. Sé que mi madre te dijo cosas horribles, pero ya no puede impedir que estemos junt