Él estaba ocupado, pero al ver su nombre en la pantalla, sonrió y respondió de inmediato. No era común que Luciana lo llamara, así que le pareció una buena señal.
—Luci —saludó, con un tono suave.
—Alejandro —respondió ella, aún incómoda con demasiada familiaridad—. Esta noche saldré a cenar con unos amigos. Iré por mi cuenta, así que no te preocupes por recogerme. Lo de los libros puede esperar hasta otro día.
—¿Amigos? —preguntó Alejandro, entrecerrando los ojos con una pizca de curiosidad—. ¿