Quizá por lo callado del cuarto, Estella buscó tema.
—Perdón… que me veas así. Qué pena.
Martina se quedó un segundo en blanco y negó.
—No.
Era la verdad. No eran amigas, pero eran mujeres: lo de Estella no daba risa; daba compasión y un suspiro hondo.
—Dime… —Estella parecía con ganas de desahogarse—. ¿Por qué antes de casarse te tratan como un tesoro y después van cambiando?
Martina no tenía experiencia propia, pero historias de tipos basura sobraban.
—Quizá porque ya te tienen y dejan de valo