¿Tal vez qué? No lo dijo. Pero Martina entendió; y al entender, se quedó pasmada.
—¿Estás diciendo que, si Estella se casó con un patán, tú tienes parte de culpa?
Salvador no habló, pero su gesto lo confirmó.
—Ja… —Martina se quedó sin palabras—. No sabía que el señor Morán tenía corazón de santa.
Él no lo negó. Por eso jamás había contado esa idea a nadie: con Estella cargaba rabia y también culpa.
—Ya —con la mirada de ella encima, se sintió incómodo. Soltó una mano del volante y apretó la de