Martina sintió que lo preguntó a propósito.
—Dámelo. —Extendió la mano—. ¿En serio no sabes qué estoy tomando?
—¿Y qué se supone que debería saber?
—Salvador —su paciencia se agotaba—. Te lo dije: ahora no conviene tener un hijo. No escuchaste… Así que me tomo la pastilla. ¿Algún problema?
Tal cual lo sospechaba, él apretó el blíster en la mano y no se lo devolvió.
—Algún día vamos a tener hijos. Si es antes, ¿cuál es el problema?
—¿De verdad no ves el problema? —Martina respiró hondo.
Ya estaba