El único sobrio ahí era Alejandro. Con el cigarro entre los dedos, sacudió la ceniza.
—¿Qué pasó? ¿Quieres contarlo?
—Es que… —Salvador le resumió lo ocurrido. Alejandro había estado casado; tenía cancha.
—Ah —Jael entendió y se rió—. Entonces fueron celos. Y sí… los amores de toda la vida pegan distinto.
Jacobo Ponce negó con la cabeza.
—Casarse es un lío…
Miró a Alejandro y luego a Salvador.
—Mírenlos a ustedes. Yo, por si acaso, sigo soltero.
Salvador los ignoró. Tenía los ojos puestos en Ale